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“Nuestro reto fue motivado por las fotos de una tortuga malformada por un plástico”

“Nuestro reto fue motivado por las fotos de una tortuga malformada por un plástico”

Antonio Luis Reyes, médico de Urgencias del Hospital de Poniente cruza el Estrecho de Gibraltar a nado como denuncia al vertido de plásticos en el mar.















Pregunta.- ¿Cómo surge la iniciativa de nadar el Estrecho de Gibraltar?
Respuesta.- Manuel Peña, Armando Prados, Amos Milton García y yo somos cuatro amigos que nos une el deporte, y todas las mañanas nos juntamos para nadar 1 hora en lo que llamamos el ‘Centro de Alto Rendimiento EOLO’ en la playa de El Zapillo. Así que un día, cansados de encontrarnos residuos de plásticos en el mar, decidimos nadar el Estrecho de Gibraltar para denunciar el arrojo de plásticos en los océanos. 
 
P.- Cruzar el Estrecho no es algo que se pueda hacer de hoy para mañana, ¿qué trámites habéis tenido que hacer?
R.- Nos pusimos en contacto con la ACNEG (Asociación de Cruce a Nado del Estrecho de Gibraltar) y ellos nos lo gestionaron. Además, la organización nos puso 2 barcos y uno de ellos era el que guiaba la ruta. Nos dijeron que había dos años de lista de espera, y cuando nos avisaron de la fecha estimada, comenzamos a entrenar con seis meses de antelación de una forma específica.  Un mes antes nos informan de la semana que iba a ser, pero sin saber con exactitud el día, ya que estábamos a merced del tiempo meteorológico, siendo finalmente el 21 de julio. 
 
P.- ¿Qué preparación habéis tenido que realizar para llevar a cabo vuestra azaña?
R.- Nuestro grupo de amigos llevamos nadando juntos todas las mañanas durante dos años, pero en los últimos 6 meses hemos realizado un entrenamiento específico. Nosotros seguíamos nadando entre 45 min y 60 min, pero una vez a la semana hacíamos una travesía larga. La primera semana comenzamos la tirada con 5.000 metros, hasta llegar a una semana en la que conseguimos hacer 8.000 metros, y en las semanas previas al acontecimiento realizamos tres tiradas de 10.000 metros y dos de 12.000 metros.
 
P.- ¿Cuánto tiempo duró la travesía?
R.- Sabíamos que no nos podíamos pasar de seis horas, pero no lo podíamos saber con exactitud ya que no nadábamos en línea recta, íbamos siempre a favor de las corrientes marinas. Finalmente, tardamos 5 horas y 51 minutos. 
 
P.- ¿Cómo comenzó la aventura?
R.- Nos citan en el Puerto de Tarifa el 21 de julio a las 6:15 horas, nos vestimos de neopreno (aunque un compañero decidió ir sin traje), nos preparamos la alimentación, nos tomamos una biodramina para combatir el mareo que produce el oleaje y a las 6:45 nos tiramos al agua desde Isla Paloma rumbo al Islote Punta Cires, cerca de Tánger. Por motivos de tráfico marítimo, nos obligan a llevar una velocidad mínima de 3 km por hora, y a los 5 minutos de travesía, a uno de nuestros compañeros le dio una reacción alérgica. A los minutos supimos que la reacción la había provocado la biodramina. Después de atender a nuestro amigo, continuamos nadando para llegar a esos 3 km por hora y conseguimos marcar una buena velocidad. A parte, teníamos un máximo de separación entre los nadadores de 50 metros, una medida de seguridad que cumplimos. 
 
P.- ¿De qué forma os alimentábais?
R.- La comida nos la preparamos nosotros y una persona de confianza nos acompañaba en un barco que nos suministraba la comida. El tipo de alimentos que tomábamos eran bebidas isotónicas como el aquarius, piezas de fruta como dátiles y plátanos y geles energéticos ricos en hidratos, aminoácidos y potasio. Los compañeros nos daban la comida desde el barco con una ‘red recogehojas de piscina’, y nosotros, sin poder apoyarnos, teníamos que comer mientras nos manteníamos a flote. En el caso de que utilizásemos el barco para apoyarnos ya no sería válido el trayecto. 
 
P.- Seis horas seguidas nadando es mucho tiempo ¿cuándo descansábais?
R.- La primera hora de travesía no podíamos descansar, y a partir de ahí, realizábamos una parada técnica de un minuto cada 45 minutos de forma obligatoria. Además, tuvimos mucha suerte porque durante 3 horas estuvo nublado, con lo cual la deshidratación fue menor. Pero el resto del tiempo si hubo bastante sol, por lo que nos aplicamos protección solar total en la cara e incluso nos pusimos una protección especial color plata en los labios. 
 
P.- ¿De qué forma os motivávais para llegar hasta el final?
R.- Desde el primer momento estábamos muy motivados por la causa que hay detrás y por la ilusión que teníamos. Pero fue sorprendente cómo nos animaba el compañero que dejó la travesía por la reacción alérgica. Tuvo unos primeros minutos de bajón, pero consciente de lo ocurrido, se dedicó a animarnos y apoyarnos hasta el final.
 
P.- ¿Qué visteis durante el trayecto?
R.- El fondo se veía muy turbio. Ten en cuenta que es una zona donde confluye el Mar Mediterráneo y el Océano Atlántico y hay mucha contaminación. Vimos abundantes medusas, pláticos, hidrocarburos. Pero al final disfrutamos de algo precioso, era como si el destino nos tuviera preparada una sorpresa. Nos acompañaron 200 metros una manada de delfines y algunas tortugas.
 
P.- ¿Qué anécdota o experiencia te gustaría destacar?
R.-Lo primero que se me viene a la cabeza son los 17º de temperatura del agua, estaba congelada. Pero lo más simbólico de nuestra aventura fue que nadamos con unos blisteres de plático enganchados a nuestros pies, haciendo honor a esa tortuga atrapada que fue la que nos motivó a adentraron en esta experiencia. 
 
P.- El caso de las necesidades básicas ¿cómo fueron resueltas?
R.- Este tema era algo que teníamos controlado. Básicamente teníamos que hacérnoslo encima ya que no podíamos quitarnos el traje, pero tuvimos la suerte de no tener necesidades de fuerza mayor.
 
P.- ¿Cómo te has recuperado de un ejercicio con tanta exigencia física?
R.- Los dos dias siguientes me encontraba bien, cansado pero no agotado. Pero a partir del tercer día he notado las consecuencias con una sobrecarga muscular en los hombros que incluso me han impedido volver a retomar los entrenamientos.

Carlos Gutiérrez Gutiérrez