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“Recuerdo mucho a mi marido, era más divertido que un sonajero”

“Recuerdo mucho a mi marido, era más divertido que un sonajero”

Esta semana D-Cerca ha entrevistado a Isabel Montoya Ruíz, una vecina de Santo Domingo que ha pasado la mayor parte de su vida en Berja

Pregunta.- ¿Donde nació?
Respuesta.- Nací en Panpanico, donde viví con mis padres y mis hermanos hasta que me casé y me fui a Berja, allí he estado muchos años, de hecho, me gusta más que El Ejido, pero debido al paso de los años necesito cuidados y mis hijos viven más por esta zona, por eso me volví de Berja y ahora vivo en Santo Domingo.

P.- ¿A qué ha dedicado su vida?
R.- Antes de casarme trabajaba en el cortijo de mis padres cuidando los animales. Cuando me casé, mi marido era distribuidor de bebidas, y yo trabajaba en el almacén con él. Y además, también llevaba mi casa, que daba bastante trabajo al ser una familia grande.

P.- ¿Se acuerda de dónde conoció a su marido?
R.- En La Venta de Pampanico hacían un baile al que yo solía ir, y mi marido, que era de Berja, era músico de la banda, esto lo hacía para conocer mundo, ya que antes había pocas opciones para ello. Él vino a tocar a las fiestas y ahí me enamoré de él, siempre nos hemos llevado muy bien y nos hemos querido mucho. 

P.- ¿Cuántos hijos tuvieron? 
R.- Formamos una familia de cinco hijos que me han dado seis nietos. Ya los tengo grandes casi a todos, menos al más pequeño que va a cumplir dos años. 

P.- ¿Cómo pasaba el tiempo libre en su juventud? 
R.- Era la menor de nueve hermanos y tenía sobrinas que eran incluso mayores que yo, y recuerdo cuando bajábamos desde Pampanico a El Ejido andando para ir a misa, ya que en  aquella época no hacían misa en Pampanico. Venían a buscarme al cortijo y le decían a mi madre que me dejase ir con ellas. Además, nos gustaba mucho jugar, por ejemplo, al pilla pilla o a la comba, también jugábamos mucho a ‘las casicas’, haciendo casas con piedras,  era a lo que más jugábamos. Mi madre siempre decía que no le ayudaba a nada en casa porque me pasaba el día jugando. También me gustaba mucho coser, de pequeña me hacía los vestidos, y a mi madre también.
 
P.- Antes no existía tanto maquillaje y utensilios para arreglarse cuando se salía de fiesta, ¿recuerda cómo se arreglaba?
R. - A mí nunca me ha gustado pintarme, solo me hacía las cejas y me daba un poco en las pestañas. Antes de salir quedábamos todas las primas, nos peinábamos las unas a las otras y elegíamos qué ropa nos íbamos a poner para esa noche. En el baile siempre nos querían sacar a bailar, se acercaban muchos muchachos, pero yo solo quería a los guapos, los feos para otras.
 
P.- ¿Cree que ha cambiado mucho la vida?
R.- Claro que ha cambiado, muchísimo. Lo noto en todo. Por ejemplo, ahora la gente es muy moderna, en cambio antes éramos muy catetos. No digo que esté mal, porque es algo que yo no he tenido la oportunidad de vivir y por eso no lo puedo juzgar, pero no viviría mi juventud ahora, lo pasado, pasado está. 

P.- ¿Sobre qué aspectos de su vida guarda más recuerdos?
R.- Sobre mi marido. Solo he tenido un hombre en mi vida y ha sido él. Hemos estado juntos más de 50 años. Cuando empezamos, al ser él de Berja y yo de Pampanico estábamos distanciados, pero venía a verme todos los días. Era más divertido que un sonajero. Recuerdo que los domingos siempre aprovechábamos para ir a comer a la sierra con nuestros hijos y sobrinos.

P.- ¿Le gustaba viajar?
R.- Viajé a Tenerife a ver a uno de mis hijos, que vivió allí durante un tiempo, y lo que más recuerdo de la isla son los lagartos tomando el sol, me daban mucho miedo los reptiles.

P.- ¿No ha pensado en rehacer su vida?
R.- No. No quiero conocer a ningún otro hombre, ya estoy mayor y no quiero a ninguno, cuando murió mi marido, los hombres acabaron para mí.

P.- Y ahora, ¿cómo se divierte?  
R.- Me gusta mucho ver la televisión. El canal que más tiempo tengo puesto es Telecinco, me encanta Sálvame y Gran Hermano, soy muy fan de Belén Esteban. Por las mañanas salgo a la Plaza Magallanes con mis amigas y nos ponemos a hablar de las cosas de antes, recordando viejos tiempos.

P.- ¿Qué es lo que más le gusta de Berja?
R.- Recuerdo que bajaba mucho a la plaza. En Berja tenía mi negocio y allí sigo teniendo mi casa, la verdad es que echo mucho de menos estar allí.

P.- ¿Cree que la gente ha cambiado?
R.- Antes las personas era más buenas, ahora son más malas. Quizá sea porque antes conocía a todo el mundo y, sin embargo, ahora no se conoce al vecindario de la misma forma. Aunque a mí nunca me ha gustado dormir con la puerta abierta por mucho que la gente fuese buena, si se quedaba abierta la del patio o de la terraza era porque mi marido se empeñaba.