Una bola de fuego recorrió el cielo del sudeste español durante la noche del pasado 10 de agosto. Numerosos testigos presenciaron el suceso en la comarca del Poniente almeriense, desde Adra hasta Roquetas de Mar. En nuestro país, el fenómeno recorrió el firmamento desde el Campo de Gibraltar hasta la isla de Ibiza, pasando en el camino por las provincias de Málaga, Granada, Almería, Murcia y Alicante.

Según confirma desde sus redes sociales el Doctor en astrofísica José María Madiedo, asociado al Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC), el evento no estuvo provocado por la caída de ningún meteorito, como se ha especulado, sino de la entrada de basura espacial en la atmósfera terrestre que, por la fricción, se volvió incandescente. En concreto, se trataban de los restos de un cohete Jielong-3 lanzado por China el pasado 8 de agosto. De acuerdo a Madiedo, el artefacto cayó a una velocidad de 29 mil kilómetros por hora sobre el océano Atlántico, para luego pasar por encima del Mar Mediterráneo.
Chatarra del espacio exterior
La cantidad de basura espacial no ha parado de crecer desde el lanzamiento del primer satélite en 1957. La Agencia Europea del Espacio (ESA) estima que, actualmente, existen más de 131.000.000 objetos de desechos espaciales de entre uno milímetro y diez centímetros sin utilidad orbitando a una media de 36.000 kilómetros por hora alrededor de la Tierra, procedentes de fuentes diversas como últimas etapas de cohetes, satélites que han dejado de estar operativos e, incluso, herramientas perdidas por astronautas.
En 2023, un equipo de investigadores de la National Oceanic Atmospheric Administration (NOAA), en un estudio publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences, reveló que toda los residuos estelares que cae en nuestra atmósfera deja una gran cantidad de aluminio y de otras partículas metálicas como residuo en ella, aumentado su contaminación.
No es el único riesgo de la basura espacial que orbita la Tierra. Científicos de la Universidad de Málaga demostraron que los lanzamientos de cohetes y satélites también se ven afectados negativamente por ella. “Los cálculos realizados muestran, además, que las pruebas anti-satélite generan más de 102.000 nuevos trozos de esta basura mayor de 1 centímetro y que sus efectos negativos tardan en desaparecer en torno a 1.000 años debido a la gran altitud a las que se realizan”, aseguraban.
Estos investigadoras auguran que, al igual que el mar, la atmósfera terrestres acabará sobreexplotada por esto, ya que, al no contar con una regulación expresa, más allá de un Tratado Internacional de las Naciones Unidas de no obligado cumplimiento, es un ejemplo de lo que se denomina ‘fallo de mercado’ porque al no existir derechos de propiedad, se tiende a un mal uso de este recurso y a la generación, por tanto, de ‘externalidades negativas’. Igualmente, alertan de que debido a que cada vez dependemos más de las empresas que operan en el espacio, sobre todo las relacionadas con la tecnología, el volumen de basura espacial seguirá creciendo y, por tanto, también la probabilidad de colisión.
D-CERCA